El Responsable de Tu Perfeccionamiento

“Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y Él os dará otro Consolador para que esté con vosotros para siempre; es decir, el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque ni le ve ni le conoce, pero vosotros sí le conocéis porque mora con vosotros y estará en vosotros. No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros. Un poco más de tiempo y el mundo no me verá más, pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis.” [Juan 14:15-19]

La provisión de Abba para que cada uno de sus hijos tenga y manifieste Vida Eterna es perfecta y absoluta. Nada ha quedado imprevisto ni desprovisto. El Pacto Eterno es el compromiso de Dios con cada persona que le cree y Él está presente para cumplir sus obligaciones 24/7.No hay decisiones que tomar de parte de Abba, todo está ya dispuesto; es por esto que su lenguaje nos comunica los hechos de Dios a favor nuestro; y lo hace en términos inconfundibles y absolutos, como la declaración escrita en 2a. Pedro 1:3 “Todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquél que nos llamó por su gloria y excelencia.”

¡Todo está dado! ¿Pero cómo se recibe TODO?

¿Quién hace la entrega y la capacitación requerida para que podamos hacer uso de ese TODO divino que nos ha sido dado ya?

Jesús responde categóricamente a estas preguntas:

Desde el momento en que elegiste creerle a Dios al recibir su invitación para ser hecho su hijo(a), “fuiste sellado(a) con el Espíritu Santo de la promesa” el cual es la garantía que Dios te da, de que va a cumplir en tu vida todo lo que ha prometido y darte posesión de la herencia que como a hijo(a) te corresponde.

El Espíritu de Verdad mora en ti y tu cuerpo es su templo o casa. Asegúrate de recibirle correcta y plenamente y de aprender a escucharle, a respetarle y a seguir la guianza que sólo Él puede darte. De esta manera, nunca estarás sola(a), ni tendrás más problemas de orfandad; vivirás la consolación divina que transforma todas las cosas en bendición, y podrás así “Consolar a otros con la consolación con que has sido consolado(a) por Dios!”

¡Bendiciones!

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