22. ¡El Secreto de la Libertad!

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¡Ser adoptado por Dios como su hijo, implica libertad eterna y absoluta para nuestras vidas!

Sin embargo, el mismo concepto de la libertad está corrompido por la perspectiva humana, ya que no tenemos un punto de referencia verídico, para guiar nuestro pensamiento humano a una comprensión de lo que es la verdadera libertad.

Existe una gran ilustración de lo que Jesús estableció, es una ilustración histórica y le pertenece a la nación de Israel.

La Biblia cuenta cómo Abraham, el padre de las naciones, fue contactado primeramente por Dios, y le ofreció el pacto para ser hecho padre de multitudes. Abraham escogió creerle a Dios y comenzó un viaje, que le llevó lejos de todo lo que conocía y en lo que confiaba, hacia un peregrinaje que duró el resto de su vida en la tierra. En el proceso, aprendió los principios de la vida que serían ofrecidos a todos los seres humanos, y debido a su asombrosa disposición para creer, fue nombrado por Dios: “El Padre de la fe”.

Hoy en día, tres de las religiones más grandes del mundo, proclaman conocer y comprender a este hombre tan importante, pero ninguna realmente lo hace, ya que fallan en comprender y seguir su ejemplo.

Abraham, como hemos dicho, fue tomado de todo lo que conocía y confiaba, para que pudiera descubrir otra existencia, una que no estaba atada a las reglas de la humanidad, sino a la capacidad de Dios de bendecir, prosperar, proteger, y promover. Abraham viajó por más de la mitad de un siglo, se topó con muchas tierras y personas inhóspitas, peligrosas y desconocidas. Pero a lo largo de todo, aprendió que su existencia no dependía más de sus habilidades, sus posesiones o su poder e influencia, sino que todo acerca de su existencia, era ahora la responsabilidad de uno, con quien había hecho un pacto para siempre y que era capaz de mantenerlo: Dios. Como resultado, prosperó grandemente y la Biblia dice que se convirtió en el hombre más acaudalado de Oriente.

Muchos años después de la muerte de Abraham, su hijo Jacob, a quien Dios le cambió el nombre por el de Israel, vino a Egipto con su familia: tenía 12 hijos, algunos casados, muchos nietos, y muchos sirvientes; todos ellos llegaron ahí porque en ese tiempo, había una hambruna en la tierra, y Egipto había estado guardando reservas, gracias a la sabiduría de uno de sus hijos, José, quien había recibido de Dios la sabiduría, entendimiento y poder, para guiar los esfuerzos del imperio más grande de la época, y prepararse para los 7 años de hambruna que venían sobre la tierra. Así que, cuando su padre Israel vino a Egipto, el Faraón, jefe de José, les dio la bienvenida a su país y los hizo sus invitados especiales permanentes, dándoles algunas de las mejores tierras de Egipto para que vivieran; ellos se establecieron ahí y prosperaron grandemente.
Eran personas trabajadoras e inteligentes, y muy pronto se multiplicaron de unos cuantos, a muchos miles, después cientos de miles y finalmente, millones de personas; para cuando sucedió ésto, el Faraón que les dio la bienvenida a Egipto, había muerto, desde hacía tiempo, al igual que Israel (Jacob) y José. Entretanto, se levantó en Egipto un nuevo Faraón que no conocía ni respetaba a José, ni sus contribuciones que salvaron a Egipto de la destrucción, en cambio, sí veía que Israel se había convertido en un pueblo extremadamente numeroso, y junto con sus consejeros percibió una amenaza en ellos. Así que, tomó la decisión de volverlos esclavos y usar su fuerza y sabiduría, para su propio beneficio; era extremadamente duro con ellos, y durante 430 años, él y sus descendientes los utilizaron para enriquecer su imperio.

Israel sufrió bajo el yugo de la esclavitud, y se quejó en sus oraciones y súplicas, a un Dios que ellos no conocían y que habían aprendido a dudar de él; o sea, hicieron completamente lo opuesto a su progenitor! Pero en ese tiempo, Dios levantó a un hombre a través de quien Él liberaría a Israel, y completaría una parte pendiente del pacto que tenía con Abraham: Darle a sus descendientes toda la tierra por la que él había viajado durante su peregrinaje.
Moisés era el hombre que Dios usaría para cumplir su promesa; este hombre había estado en la escuela de Dios, del ¡ARREPENTIMIENTO DE OBRAS MUERTAS! Moisés era brillante, diligente y noble. Cuando nació, el Faraón había ordenado que todo varón que naciera de los Israelitas, fuera asesinado en el parto, pero sus padres pudieron salvarlo, sólo que fueron forzados a dejarlo ir cuando tenía apenas unos días de nacido, por temor de su vida, y la de ellos, para lo cual, lo colocaron en una canasta en el cauce del río, que lo llevó derechito al palacio de Faraón; Ahí, la princesa lo descubrió y lo adoptó. Moisés creció como un egipcio, rodeado de la riqueza y el poder, y era considerado parte de la familia real. Pero, llegó el momento en el que conocería su verdadero origen, y mientras veía el sufrimiento de Israel, intentó comenzar a hacer algo al respecto. ¿Qué resultó de sus esfuerzos? ¡MUERTE! ¡Mató a uno de los guardias de Faraón y tuvo que correr por su vida!

Cuarenta años después, cuando ya no tenía más ambiciones, ya que había pasado su vida adulta como un pastor en el desierto de Sinaí, Dios se le apareció, y lo comisionó para regresar a Egipto a liberar a la familia de Abraham, y guiarlos a la tierra que se le había prometido como parte del pacto. Moisés se atemorizó y argumentó, pero Dios le enseñó y lo convenció de que no lo tenía que hacer Moisés, sino que tenía que permitir que Dios lo hiciera, a través de él, a favor de Israel, y aunque refunfuñando de alguna manera, Moisés aceptó y fue.
Por medio de milagros asombrosos, ¡Dios libró a Israel de Egipto sin ninguna guerra! ¡Moisés y su gente, salieron de Egipto con las súplicas de los egipcios de que aceptaran su Tesoro, Ganado, ropa costosa, etc.!

Después de que dejaron Egipto, el Faraón cambió de opinión y los persiguió con su poderoso ejército, para destruirlos y traer a los sobrevivientes de vuelta a la esclavitud. ¡Pero Dios peleó contra Faraón!, Israel no tuvo que levantar ni un dedo en contra de su enemigo, ¡Dios estaba ahí y Él es Todopoderoso!

Más adelante en su caminar, se quedaron sin agua y ¡Dios les dio agua en el desierto, suficiente para satisfacer a aproximadamente a 2.5 millones de personas y para sus animales! Después, se quedaron sin comida y Dios les dio comida fresca cada día. Luego, ellos querían carne, en lugar de la comida especial que les era dada, y Dios les dio carne hasta que les salió por la nariz.

Ahora, en el desierto durante el día hacía mucho calor, y Dios mantuvo una columna de nubes sobre ellos, que se movía mientras ellos caminaban a su destino; tenían frío en la noche, y Dios levantó una columna de fuego cada noche, para acondicionar el desierto para ellos; otros reyes vinieron a pelear contra ellos, pero Dios los defendió.

Sorprendente ¿no?

¡Pues no! ¡No para ellos! Ellos nunca se vieron así mismos, como personas libres. Cada vez que algo surgía, ellos querían regresar a Egipto. Todos habían nacido como esclavos y es así como se veían, no tenían el concepto de libertad, y no podían apreciar el valor de lo que les había sido dado.

Muchos siglos más tarde, serían esclavizados nuevamente y llevados a Babilonia, y para el tiempo en que nació Jesús, se encontraban sirviendo al imperio Romano.

Todo esto, forma el marco para que podamos entender la conversación que se llevó a cabo entre Jesús y los judíos, registrada en Juan capítulo 8.

“”Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si ustedes permanecen en mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos y conocerán la verdad y la verdad les hará libres.

Le respondieron: Linaje de Abraham somos y jamás hemos sido esclavos de nadie, ¿Cómo dices tú: Serán libres?

Jesús les respondió: De cierto de cierto les digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo del pecado es. Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. Así que, si el Hijo les libertare, serán verdaderamente libres.” (Juan 8.31-36).

Las palabras de Jesús fueron dirigidas a la condición humana. Aquí estaba hablando a estas personas específicas, cuya historia hemos descrito brevemente, y ellos responden: “Nunca hemos sido esclavos” Lo más asombroso de esto, es que Jesús no discutió con ellos acerca de su esclavitud en Egipto, o en Babilonia,o con los Romanos, sino que en lugar de eso, les habló acerca de la adopción como el camino para la verdadera libertad:

“De cierto de cierto les digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo del pecado es. Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. Así que, si el Hijo les libertare, serán verdaderamente libres.”

Él se fue al meollo del asunto: ¡USTEDES LOS HUMANOS, SON ESCLAVOS DEL PECADO! ¡ESTÁ EN SU NATURALEZA! ¡COMO ESCLAVO NO PUEDES ESTAR EN LA CASA DE MI PADRE, PERO SI EL HIJO TE HACE LIBRE, ENTONCES TÚ SERÁS VERDADERAMENTE LIBRE!

¿Cómo se proponía garantizar esta verdadera libertad? Escucha sus palabras:

“Si ustedes permanecen en mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos y conocerán la verdad y la verdad les hará libres.”

Aquí está el secreto de la ¡VERDADERA LIBERTAD! Veamos rápidamente lo que nos está siendo declarado por el HIJO:

1. Permanecen en mi palabra = escogen escuchar y recibir; y mantenerse escuchando y recibiendo mi palabra.

2. Verdaderamente mis discípulos = realmente dejan que les enseñe la verdad acerca de quienes son y quien es mi Padre.

3. Conocerán la verdad = les haré vivir esta verdad, de tal forma que se convierta en su realidad. ¡Así es como conocerás la verdad porque será parte de tu realidad!

4. Y la verdad les hará ¡LIBRES! = cuando descubran esta realidad en su propia existencia, ¡nunca más se verán a si mismos como esclavos otra vez!
Hablaremos de esto con más detalle en nuestro próximo episodio.

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