Al contemplar el maravilloso amor del Padre, somos persuadidos a recibir Su adopción; se derriban las murallas de desconfianza y somos convencidos de aquéllo a lo que hemos sido llamados a ser: HIJOS SUYOS. El pasado domingo 18 de Marzo, uno de los participantes de la Escuela VIDA compartió con nosotros cómo está ocurriendo este proceso de transformación en su ser. Lo publicamos en este espacio, pues estamos seguros que te bendecirá:
“Mi Padre no deja de sorprenderme y maravillarme. El enemigo por mucho tiempo, me hizo creer que Dios era injusto, un Padre duro e indiferente. Por eso era mejor para mí, acercarme a Él como Dios y NO como un Padre. Creía que mi dolor y todos los acontecimientos oscuros que destrozaron mi vida, fueron porque Él nunca estuvo ahí para defenderme, para protegerme, porque yo no importaba para Él.
Siempre me sentí abandonada a la ira de mi papá y de todos los que me hicieron tanto daño. Desde muy pequeña, aprendí a HACER para MERECER, HACER para EXISTIER, HACER para SER ACEPTADA, para AGRADAR. HACER para DEJAR DE SER INVISIBLE. Pero sentía que no importaba todo lo que hiciera, nunca podía agradar a Dios y solo estaba observando de lejos como otros se arrojaban a sus brazos y se sentaban en sus piernas, y yo solo de lejos suspirando.
Siempre soñé con un príncipe fuerte y valiente, que viniera en su caballo con su espada a rescatarme de la torre en donde estaba. Que yo fuera para él tan bella, de tanto valor, que no le importara enfrentarse con la bruja, el dragón y todos los obstáculos y escalara la torre para rescatarme. Creí que ese príncipe era humano, pero qué terrible equivocación. Ahora sé que mi príncipe soñado y esperado, es mi Amado Padre Celestial y que no solo le importo, sino que soy el objeto de Su amor. Sé que no estoy sola, que Él me defiente, que se enfrenta a la bruja, al dragón, a todos los obstáculos y ha escalado la torre y me lleva en sus brazos. Siempre estaba huyendo, escapando. ¡Ya NO! Ahora me refugio en Sus brazos. Ya no le permito a las mentiras regir mi vida. Acudo al abrazo de mi Padre y ahí quiero quedarme por siempre.”
- Dina Estrada Tellez
México, D.F.
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